ENTRETENIMIENTO
- DIFERENCIAS
- PUZZLE LOS TRES CERDITOS
Puedes ingresar en el siguiente link para realizar la actividad con el rompecabezas
http://www.rinconsolidario.org/palabrasamigas/pa/juegos/puzzle/puzcerdito/puzzle9.htm
- JUEGOS INTERACTIVOS
- LECTURA
EL
INAGOTABLE POZO DE LAS MARAVILLAS
Loren era un niño al que lo que más le gustaba era estar tumbado mirando
al techo, o sentado tranquilamente ante el televisor. Sabía que a sus padres no
les gustaba mucho que pasara tantas horas así, pero le gustaba la
comodidad de aquella vida y, después de todo, tampoco iba tan mal en el
colegio...
Cierto día, saliendo de excursión, Loren se sentó un rato a
descansar y cuando quiso darse cuenta, se había descolgado del grupo y estaba
perdido. Pero justo entonces, al ponerse en pie, se quedó de piedra al
descubrir un pequeño enano que caminaba rápidamente entre los árboles. Iba
tan enfadado gruñendo y gritando, que no se dio cuenta de que una gran roca
bajaba rodando por la colina. Y de no ser por los reflejos de Loren, que saltó
para apartar al enano, la roca lo hubiera aplastado.
Tras recuperarse del susto, el enano se mostró tan agradecido, que no
dejó de insistir hasta convencer a Loren para que le acompañase a un lugar
secreto de los enanos.
Así, caminando por
entre las montañas, llegaron a un pequeño claro en cuyo centro se veía
algo parecido a un pozo.
Este es un pozo
mágico- explicó el enano-. Cada poco tiempo aparecen unos regalos estupendos, y
quien está aquí cuando salen, puede quedarse con ellos y disfrutarlos
cuanto quiera.
Loren no sabía si
creerse aquella historia, pero en aquel mismo instante surgió del pozo una
bicicleta impresionante.
- ¿Puedo quedármela? -
preguntó Loren.
- ¡Claro, es toda tuya! ¡Que la disfrutes!
- ¡Claro, es toda tuya! ¡Que la disfrutes!
Loren se acercó y
estuvo durante un buen rato mirando la bici, emocionado. Finalmente, la probó.
Pero no por mucho
tiempo, porque sin previo
aviso todo desapareció, y el trasero de Loren acabó de golpe en el suelo. Y se
hubiera enfadado mucho con el enano, de no haber visto salir del pozo
el disfraz de su héroe favorito, con todos sus complementos especiales.
Otra vez estuvo contemplando aquella maravilla unos minutos, y otra vez, al
poco de vestirse completamente y comenzar a jugar, el regalo desapareció.
Y así fue desfilando
ante los ojos de Loren todo aquello que más le gustaba, pero ni una sola cosa duró mucho tiempo. Al
principio el niño se enfadó, pues quería conservar todo aquello para llevarlo a
casa, pero comprendiendo que no iba a ser posible, se conformó con
disfrutar cada una de las maravillas que el pozo ofrecía, hasta que no pudo
más.
Cuando descansaba
junto a su amigo el enano, este le explicó que así había funcionado siempre
aquel pozo: constantemente hacía regalos maravillosos, y constantemente
esos regalos desaparecían poco después. Y le contó también cómo todos
terminaban aceptando que el pozo era mejor así, ofreciendo algo nuevo cada vez.
El tiempo pasó tan
rápido que cuando se dieron cuenta todo el mundo llevaba horas buscando a
Loren. Al oír los gritos, el enano salió huyendo, y sólo tuvo tiempo de decir:
- No puedo dejar que
me vean, ni que recuerdes dónde está este lugar. Pero para que no
me olvides te haré un regalo.
Y entregándole un pequeño paquetito, dijo antes de desaparecer.
- Es una copia chiquitita del pozo, pero es igual de mágica. Si aprendes a mirarla, te dará todas las alegrías ¡Adiós, y gracias por salvarme!
Y entregándole un pequeño paquetito, dijo antes de desaparecer.
- Es una copia chiquitita del pozo, pero es igual de mágica. Si aprendes a mirarla, te dará todas las alegrías ¡Adiós, y gracias por salvarme!
Con el jaleo que se
armó cuando lo encontraron en medio del bosque, Loren se olvidó de su
regalo hasta unos días después. Decidió abrirlo encerrado en su cuarto,
como si se tratara de un secreto, sólo para descubrir que era un simple reloj
de mesa con una imagen de Loren jugando junto al pozo.
“Enano bromista”,
pensó “ya me parecía que tener una copia del pozo sería demasiado”. Y
se sentó sobre la cama a practicar su especialidad de dejar pasar el tiempo.
Pero cuando la aguja del reloj avanzó cinco minutos, un pequeño resplandor
salió del mismo, y su alegre imagen se deshizo en mil pedazos, para
cambiarse por la de un niño solitario y aburrido. Y lo mismo ocurrió cinco
minutos después, y cada vez que pasaban cinco nuevos minutos en los que no
había hecho nada.
Loren empezó a
comprender ¿Y si los regalos del pozo fueran los propios minutos? ¿Sería eso a
lo que se refirió el enano con saber mirar? Así todo tendría sentido: por eso
no podía acumular regalos, porque el tiempo no puede pararse, y por
eso tenía que aprovechar los regalos que llegaban, porque una vez que se
esfumaban ya no volverían nunca. Entonces pensó en sus propios minutos, todos
esos que pasaba ante el televisor o tumbado en su cuarto ¡no volverían nunca! Y
se dio cuenta de que, como con los regalos del pozo, tenía que empezar
a disfrutarlos cuanto antes.
Desde entonces parecía
que hubiera dos o tres Loren en casa. Allá donde estaba, aprendía a abrir los
ojos para descubrir a cada momento qué fantástico regalo le había hecho el pozo
del tiempo. Y aprendió a ver un libro que no había leído, un juego al
que no había jugado, un amigo con el que no había hablado, una lección que
no había aprendido... De cada cosa que le rodeaba aprendió a hacer un
regalo que disfrutar al máximo. E incluso, cuando veía el televisor,
parecía que miraba con más interés, porque ya no estaba dispuesto a
desperdiciar ninguno de los regalos del pozo mágico del tiempo.
Pedro Pablo
Sancristán.



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